DE REPARTODirector: Santiago Aguilar. Con Carlos Lucas. España, 2009.
Que en este guirigay de mundo en que vivimos la justicia
, en cualquiera de sus formas, no existe, es una verdad que seguramente cuantos lectores peinen canas tengan ya claro hace un montón de tiempo. Viene a cuento la aseveración de un documental moderno de ahora que he podido ver en el cine (hecho excepcional: el más interesante de los géneros, que no es otro que éste, conoce trabas innúmeras para poder llegar a las pantallas), y que al tratar en el fondo de asuntos viejunos, no puedo dejar de recomendarles desde mi modesta tribuna.
Es, como aquel otro del que hace tiempo les hablé (VER AQUÍ), de categoría memorialística, ya saben: un señor que evoca hechos de un pasado del cual casi todas sus huellas han desaparecido.
Como si se quisiera recrear, o preservar, la memoria de un mundo extinto del que solo la palabra del entrevistado queda ya.
Que en este guirigay de mundo en que vivimos la justicia
, en cualquiera de sus formas, no existe, es una verdad que seguramente cuantos lectores peinen canas tengan ya claro hace un montón de tiempo. Viene a cuento la aseveración de un documental moderno de ahora que he podido ver en el cine (hecho excepcional: el más interesante de los géneros, que no es otro que éste, conoce trabas innúmeras para poder llegar a las pantallas), y que al tratar en el fondo de asuntos viejunos, no puedo dejar de recomendarles desde mi modesta tribuna.Es, como aquel otro del que hace tiempo les hablé (VER AQUÍ), de categoría memorialística, ya saben: un señor que evoca hechos de un pasado del cual casi todas sus huellas han desaparecido.
Como si se quisiera recrear, o preservar, la memoria de un mundo extinto del que solo la palabra del entrevistado queda ya. No sólo las estrellas o los directores consagrados componen la historia del cine: el señor que se mete en la piel de un gorila de trapo,
el especialista que salta una y otra vez del caballo, quien fabrica curiosos efectos especiales, las películas astrosas y paupérrimas, los figurantes cuyo rostro apenas asoma en un filme: tanta historia del medio son ellos como doña Marylin Monroe, ni más ni menos. 
el especialista que salta una y otra vez del caballo, quien fabrica curiosos efectos especiales, las películas astrosas y paupérrimas, los figurantes cuyo rostro apenas asoma en un filme: tanta historia del medio son ellos como doña Marylin Monroe, ni más ni menos. 
Así lo atestigua este filme, Retrato de un actor DE REPARTO, realizado con precisión notarial en torno a la figura de Carlos Lucas
, un intérprete a quien la efímera fama llegó casi al final de su carrera; un luchador que contra viento y marea frecuentó los platós durante décadas antes de que llegase el papel que habría de darle a conocer:
el del aposentador jubilado Sansoncito en el filme Justino, un asesino de la tercera edad (1994), que sin duda cuantos tienen buen gusto han de recordar. 
, un intérprete a quien la efímera fama llegó casi al final de su carrera; un luchador que contra viento y marea frecuentó los platós durante décadas antes de que llegase el papel que habría de darle a conocer:
el del aposentador jubilado Sansoncito en el filme Justino, un asesino de la tercera edad (1994), que sin duda cuantos tienen buen gusto han de recordar. 
Antes, años de insignificancias; apariciones muchas veces anónimas en cientos de filmes donde su figura enjuta y desgarbada se dejaba ver, siempre con un no sé qué de fatalismo. Fotogramas los de este documental con regusto a nicotina y pensión barata, a bar de barrio, a esperanza burlada. Una cámara, situada junto al camino como el espejo stendhaliano, intenta reconstruir desde la actualidad su peripecia. 

Tarea ardua por cuanto el verbo de Lucas es laberíntico y desordenado, y a la que bien pronto parece renunciarse en pro de un discurso fílmico que se quiere testimonio fiel de la realidad de un modo austero, casi entomológico. Pretensión que queda arrumbada por la inmensa humanidad del entrevistado, que conquista y seduce al entrevistador,
trasmitiendo, como debe ser, la necesaria emoción.
trasmitiendo, como debe ser, la necesaria emoción. Carlos Lucas no pudo ver De reparto: una última pirueta de la mala suerte que siempre le acompañó ("mi cuñado decía que yo era gafe", confiesa frente a un café hace rato extinto) quiso que se muriese poco antes del estreno. La vida, ya les digo, de justa no tiene nada. De azarosa sí, y hasta de hermosa, como este filme seco y conmovedor viene a la postre a demostrar.
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